La Estela de Ahmose: el registro climático más antiguo del mundo

19 mayo 2014

The Tempest Stela of Ahmose. Reconstruction of the face (R) and back (L). (Malcolm H. Wiener and James P. Allen, 1998)
La conocida como "Estela de la tempestad" escrita en tiempos del faraón Ahmose, se ha convertido tras los últimos estudios realizados, en una de las descripciones del clima más antiguas de la que se tienen noticias.
Encontrada en Tebas, está piedra calcita muy fragmentada incluye los restos de 40 líneas en jeroglífico que nos habla de un extraordinario fenómeno meteorológico ocurrido en época de este faraón. Se describen intensas lluvias y tormentas que duraron varios días, con cielos enegrecidos y grandes inhundaciones, que llenaron de cadáveres flotando en río Nilo y que destruyeron todo a su paso desde el Delta hasta las zonas del Alto Egipto.
Durante un tiempo los investigadores habían pensado que este antiguo texto se refería de forma metafórica a la destrucción provocada por la invasión de los pueblos del norte, los hicsos, que habían conquistado las tierras del Bajo Egipto provocando la pérdida de la hegemonía de los faraones en esa parte del imperio.
Pero las últimas investigaciones confirmarían que en realidad el texto está describiendo un acontecimiento climático real que podría estar relacionado con la explosión del volcán de la isla de Thera, registrado en 1621-1605 aC.  

¿Qué sucedió en Thera? 
Thera está formada en la actualidad por la isla de Santorini (mar Egeo), y en ella se produjo uno de los fenómenos volcánicos más graves de la antigüedad datado durante la Edad del Bronce. El colapso de la caldera volcánica causó una enorme erupción que pudo notarse en todo el área del Mediterráneo oriental, y el tsunami posterior debido a su onda expansiva, barrería la isla de Creta y gran parte de las costas de Oriente Próximo.  
Según los científicos esta catástrofe natural, pudo causar un cambio atmosférico acompañado de intensas lluvias e inhundaciones en toda esta zona. Los registros demuestran que se vieron afectados de forma decisiva la agricultura y el comercio en esta parte del mediterráneo, y con ello el desarrollo cultural de distintas civilizaciones de la región, como sucedió con la cultura cretense.
Se han realizado simulaciones sobre las consecuencias de esta enorme explosión y el resultado ha causado tanta electricidad estática que no es de extrañar que el cielo se inhundara de numerosos rayos similares a la "tormenta de fuego" de la que nos habla la estela. Los climatólogos consideran que las gigantescas nubes de humo y cenizas pudieron ser vista en todo el mar Egeo, llegando a notarse incluso en el interior de Egipto, lo que confirmaría la veracidad del texto.

Además este tipo de cataclismos no son un fenómeno extraño, puesto que se han registrado perturbaciones atmosféricas similares después de otras grandes erupciones como la ocurrida en 1815 en el volcan Tambora (Indonesia), que causó una enorme nube de cenizas que ocultó el sol durante meses y dio lugar a un año "sin verano" desde el Índico hasta las costas de Inglaterra, o la del volcán Krakatoa en 1883 con similares consecuencias catastróficas. 
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Onda expansiva de nube y cenizas tras la explosión del volcán en Thera

 

Leyendo detenidamente el texto egipcio se describen fenómenos que coinciden con los que tuvieron lugar en Thera: una explosión ensordecedora, numerosos terremotos, cielos cubiertos de cenizas durante varios días, tormentas de truenos y fuertes lluvias. El descubrimiento de restos de piedra pómez en Tell el-Daba, en la región del Delta oriental, todavía sorprenden a los investigadores que aseguran pertenecientes a la explosión del volcán.
Después de el extraordinario fenómeno, se cuenta como el faraon Ahmose se dedicó a restaurar los templos y campos destruídos, a devolver los objetos sagrados a sus santuarios y la esperanza a sus habitantes. Ahora cobran nuevos significado estas palabras, porque no se refieren a la reconquista de las tierras del norte gracias al ejército del faraon, sino a una reconstrucción real de un territorio destruído por una catástrofe natural.
Existen otras evidencias que confirman esta teoría. En el papiro de Rhind se mencionan también truenos y lluvias, lo que demostraría la preocupación de los egipcios por este fenómeno.
¿Por qué es tan interesante la Estela de la Tempestad?
Cabeza de Ahmose. Metropolitan Museum of New York
Porque si esta piedra describe realmente la erupción de Thera y considerando que el propio faraón fue testigo del fenómeno, tendíamos que modificar la datación que hasta hoy se tiene de su reinado como primer faraón de la dinastía XVIII, en unos 50 años aproximadamente, y con ello sería también necesario cambiar la cronología en la Lista de Reyes que ha servido para ordenar a los faraones del Antiguo Egipto.
Pero es que este descubrimiento además pondría nueva fecha a otros acontecimientos históricos del Cercano Oriente, como por ejemplo, la caída del poder de los cananeos -los llamados hicsos-. El pueblo invasor procedente de las costa oriental de Siria y Palestina que desde mitad del siglo XVII a.C y durante cien años gobernó la zona del delta del Nilo.
Fue precisamente el faraón Ahmose el que consiguió derrotarlos y expulsarlos definitivamente, y los científicos creen que la explicación a esta derrota puede estar relacionada con la destrucción de Thera. 
Han planteado que los hicsos sufrieron la destrucción de sus puertos y su enorme flota a consecuencia del tsunami tras la explosión del volcán. Perdieron así su poder marítimo, y fue en ese momento de debilidad cuando Ahmose pudo imponerse sobre ellos y conseguir reunificar el imperio bajo su mando.
Ahmose derrotando a los hicsos
Ahmose I que había llegado al trono tras la muerte de su padre y su hermano, lograría amplia los territorios del imperio hacia el sur en Nubia y reorganiza la administración del país. Emprendió numerosas construcciones, abrió nuevas rutas comerciales y supo poner las bases de la etapa más importante del Antiguo Egipto: el Imperio Nuevo. 
Si consideramos la nueva interpretación de la Estela de la Tempestad, además fue testigo excepcional de una catástrofe sin precedentes en la historia antigua.

Fuentes:
www.news.uchicago.edu 
www.jstor.org




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